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Don’t cry for me…
La última imagen la tenemos todavía en la retina y es aquella,
reciente, de Diego Armando Maradona gordo y dolorido, que sale del hospital
donde intenta recuperar su vida otra vez. Pero esta no es una imagen real:
la imagen verdadera, auténtica, reconocida y reconocible de Diego
Armando es él, de pequeño, dando toques a una naranja, o
aquella, del capitán ganador, que regatea dirigiéndose a
la portería contaria y dejando tirados como bolos a sus adversarios,
o, incluso, la del puño que se levanta irónicamente sobre
el portero. La mano izquierda de Dios.
Pero entonces Dios ¿es de verdad argentino? Y Diego puede ser verdaderamente
su mano izquierda. ¿Puede el orgullo entero de una nación
y de su hipertofiado imaginario ser más fuerte que los insultos
de la historia? ¿Cuenta más la realidad real o la imaginación
imaginada? ¿La vida de cada día o el estereotipo? Preguntas
a las cuales estos carteles intentan dar una respuesta, desequilibrados
y divididos entre el sueño y la realidad, pero todos indistintamente
dirigidos a reivindicar el viejo orgullo del país.
Despierta Argentina, se lee en una de las obras; buenos días. Despierta
Argentina, levántate. Sin repliegues autocomplacientes >>
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